jueves 28 de agosto de 2008

La piedra que no fui

Hoy, jueves 28 de agosto, ha sido un día particular. He experimentado una tormentosa mixtura de emociones y de sensaciones en muy pocas horas. Hoy, como sabrán, es el quinto aniversario de la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Un día como hoy hace cinco años el país recibió el testimonio de miles de personas marcadas por la pérdida, por el dolor, por la sangre, por la oscuridad, la violencia, la muerte y el olvido.

Por la conmemoración de la entrega del informe, desde las 6 de la tarde se llevó a cabo en el Campo de Marte una ceremonia "Para que no se repita". Desde el momento que llegué el impacto fue muy grande.
Nunca había estado frente a frente con el monumento "El ojo que llora", es una escultura de piedra rodeada de otras treinta mil piedras más pequeñas. Se ve artístico y bello hasta que descubres que cada una de esas piedras pequeñas representan personas. Representan historias truncas, vidas arrancadas, corazones desgarrados de dolor. Son padres, madres, hijos, esposos, esposas, amigos. Son gente de toda edad, desde pequeños en un vientre hasta ancianos.

Y pensar que estuve cerca... tan cerca de experimentar en carne propia todo esto. Mi papá fue miembro de la policía que se dedicó durante el conflicto interno (especialmente los últimos años de los ochenta) a combatir el terrorismo. Como era parte de la cruel y brutal "estrategia" era mejor atacar a la familia. Era mejor responder con el doble de muertes que producía el otro. En medio del horror y el caos era tan fácil caer... tan fácil ser atacado o que ataquen a quienes querías. Papá me ha contado muchas cosas de las que vivió en esos tiempos oscuros. Y lejos de creer en el heroísmo de mi padre, al estar frente al monumento me siento agradecida. Qué cerca estuvimos de ser un piedra más.

Puedo decir con el corazón en la mano que me es sencillo y casi automático intentar percibir de alguna forma el dolor y la frustración de los que sí cayeron, de los que no tuvieron la suerte de salvarse, de los que deben haberse preguntado por noches y días sin descanso "por qué a ellos". Siento a todas estas personas de una manera especialmente cercana y entiendo lo dramático que debe ser que encima del horror y de la pena, de la frustración y del resentimiento... el olvido y la negación sea el tiro de gracia.

Necesitamos con mucha urgencia justicia verdadera y pronta. Necesitamos perdón y reconciliación sin que la memoria falle nunca. La memoria... la memoria permite antes que el rencor, la prevención. La firme convicción que no se quiere más sangre, más violencia, más silencio. Que no queremos más excusas para pisotear la vida ni los derechos de ningún hermano. Que no queremos que se vuelva a iluminar el sendero de la muerte.